Por qué el dibujo es redondo
Sal a la calle y mira hacia arriba. Ahora date la vuelta despacio. El cielo no se queda a tu espalda. Te rodea entero y sigue por debajo de tus pies hasta el otro lado del planeta.
Casi toda la confusión que produce una carta natal viene de una pregunta que nadie se molesta en contestar primero. Por qué es redonda.
Un dibujo honesto con lo que acabas de comprobar tendría que ser una esfera contigo en el centro. Como eso en un papel resulta incómodo, en astrología se aplana la franja de cielo por donde circulan el Sol y los planetas y se coloca como un anillo alrededor de ti.
Conviene decirlo claro. Al aplanar se pierde algo. Le ocurre a cualquier intento de poner sobre un plano una cosa con forma de bola. Pela una naranja de una pieza e intenta que la piel quede lisa encima de la mesa. Lo que te queda en la hoja es un diagrama de trabajo. Conserva lo que hace falta para leer y descarta lo demás.
En cuanto aceptas que el sitio donde estás es el centro del anillo, buena parte del lío se deshace.
Fíjate en la banda que recorre el borde del dibujo, la más exterior, donde van impresos los símbolos. Esa banda completa mide 360 grados. Repártela en doce tramos iguales y a cada uno le tocan treinta. Esos doce tramos son los signos. Todos miden exactamente lo mismo, cosa que sorprende a quien da por hecho que algunos son más grandes.
De ahí salen los números impresos junto a cada planeta. Si en una carta pone que el Sol está a 15 grados de Tauro, quiere decir que estaba a mitad de ese tramo de treinta. A 2 grados acababa de entrar. A 28 estaba a punto de salir por el otro extremo.
Piensa en la esfera de un reloj. Doce divisiones alrededor del borde. Lees una posición diciendo cuánto ha avanzado la aguja desde una de las marcas. Aquí el sistema es el mismo con una escala más fina.
Un grado es eso y nada más. Una medida de cuánto has avanzado por el anillo. Todavía sin significado ninguno pegado al número.
La raya que cruza el centro
Ahora la parte que convierte un cielo cualquiera en tu cielo.
Fíjate en la línea horizontal que atraviesa el dibujo de izquierda a derecha. Esa línea es el horizonte del lugar donde naciste. Tu horizonte. El que habrías visto desde aquel hospital o aquella casa si alguien te hubiera sacado en brazos a mirarlo.
El extremo izquierdo de esa línea es el punto más personal de la carta entera. Marca el grado que estaba asomando por el horizonte este en el minuto en que naciste, el trozo de cielo que subía justo entonces. En astrología se le llama Ascendente. También lo verás nombrado como signo ascendente.
Por esto la lección anterior te pidió que persiguieras tu hora exacta. La Tierra da una vuelta completa cada veinticuatro horas y eso arrastra el punto del este por todo el anillo en ese mismo plazo. Cambia de signo aproximadamente cada dos horas. Dos personas nacidas el mismo día en el mismo pueblo a distinta hora de la mañana acaban con otro signo en ese extremo y con los planetas repartidos por otras zonas de la hoja.
En el papel esa línea queda siempre horizontal y el Ascendente siempre a la izquierda. Lo que va girando con las horas es el cielo entero detrás de ella. Cambia la hora y otro grado distinto asoma por ese extremo. Todo lo demás se recoloca con él.
Encima de la raya y debajo
Aquí está la parte que vuelve legible el dibujo. Casi nadie la explica.
Lo que esté dibujado por encima de la línea horizontal estaba en el cielo visible cuando naciste. Por encima del horizonte. Alguien de pie en la calle en ese momento podría haberlo señalado con el dedo.
Lo que esté dibujado por debajo de la línea estaba al otro lado de la Tierra. Bajo el suelo, desde donde tú estabas. Fuera de la vista.
La parte de arriba del dibujo corresponde a la zona del cielo que quedaba más alta sobre aquel lugar en ese minuto, por donde pasa el Sol a mediodía. La parte de abajo es el punto contrario, en la vertical que baja de tus pies.
Así que el anillo va registrando qué había encima y qué quedaba escondido debajo.
Hay una manera rápida de contrastar esto con algo que ya sabes. El Sol recorre el anillo entero en un día como todo lo demás del cielo. Dónde haya caído te dice más o menos a qué hora del día llegaste. Si naciste al amanecer, el Sol queda cerca del extremo izquierdo de la línea horizontal, recién despegado de ella. Hacia el mediodía queda por la zona de arriba. Por la tarde ha girado al lado derecho, por donde se pone. De madrugada está abajo del todo, debajo de tus pies.
De ahí sale una comprobación que puedes hacer en tu propia carta en diez segundos. Si tu Sol está dibujado por encima de la línea horizontal, naciste de día. Si está por debajo, naciste de noche. El dibujo te cuenta algo que ya sabías sobre tu propio nacimiento, cosa que sirve como primera prueba de que describe algo real.
Lo demás que hay en la hoja
Luego están las marcas pequeñas. Algunas se parecen vagamente a lo que representan y la mayoría no.
Funcionan como taquigrafía, de la que aparece en cualquier oficio donde hay que escribir las mismas palabras miles de veces. Un copista que trazaba cartas a mano necesitaba algo más rápido que escribir Júpiter una y otra vez. Las marcas se quedaron porque ahorran sitio en una hoja apretada.
Nadie las aprende sentándose delante de una lista. Llegan por uso, igual que en algún momento dejaste de deletrear las señales de tráfico sin haberlas estudiado jamás. En las próximas lecciones vas a ver el mismo puñado de marcas tantas veces que dejarán de parecer adorno y pasarán a funcionar como palabras. Cualquier carta que mires mientras tanto lleva su leyenda impresa.
Queda una cosa más en la hoja que conviene nombrar antes de dejarla en paz. Verás que el interior del círculo está partido en doce porciones por unas líneas que salen del centro, como una tarta cortada. Aunque parezcan otra versión de los tramos del borde, estas porciones pertenecen a un segundo reparto que se llama casas y va superpuesto al primero. Se nota a simple vista en que las porciones no miden todas lo mismo, mientras que los tramos del borde sí. Los signos reparten el cielo. Las casas reparten la vida corriente.
Las nombramos aquí para que sepas qué estás viendo. El bloque cuatro entero está dedicado a ellas y por ahora no tienes que hacer nada con ellas.
Si el dibujo te sigue pareciendo demasiado, esa es la reacción normal y no dice nada de tu capacidad. Hay mucha información apretada en poco espacio y nada viene escrito en castellano llano. La mayoría de la gente pasa varias semanas viendo la carta como una maraña ilegible antes de que algo encaje y se convierta en una imagen que se abarca de un vistazo. Al final de este curso esta misma imagen se lee sola.
Por ahora dos cosas.
Busca el extremo izquierdo de la línea horizontal en tu carta y pon el dedo encima. Ese es tu Ascendente.
Después busca tu Sol y fíjate en qué lado de esa línea ha caído. Si naciste de día tiene que estar arriba. Si naciste de noche tiene que estar abajo. Si no cuadra, algo falló al calcular la carta y lo primero que conviene revisar es la hora que escribiste, porque este error es de los más comunes.
El ejercicio es ese. No intentes todavía averiguar qué significa nada de lo que ves, porque eso viene después y adelantarse suele plantar ideas que luego cuesta quitar.