Piensa en cuatro personas que se mudan de casa el mismo día. La primera ya está bajando cajas antes de que nadie haya decidido nada. La segunda hace una lista, calcula cuántos viajes harán falta y se asegura de que la nevera llegue entera. La tercera se pasa la mañana al teléfono coordinando a todo el mundo. La cuarta se queda un rato sola en el salón vacío, despidiéndose de la casa. Ninguna lo está haciendo mal. Cada una hace la mudanza a su manera. La astrología lleva muchísimo tiempo ordenando las maneras justo así, en cuatro grupos que se llaman fuego, tierra, aire y agua.
La lección anterior terminó prometiendo que los doce signos están organizados. Esta es la primera mitad de ese orden. Cada signo pertenece a un elemento y cada elemento reúne tres signos. Si conoces bien los cuatro, ya sabes buena parte de qué va cualquier signo antes de leer una sola línea sobre él. La idea es antigua. Viene de la vieja imagen de un mundo hecho de cuatro elementos y forma parte de la astrología desde su versión clásica. Se pensó como herramienta de trabajo mucho antes de que alguien la convirtiera en un test de personalidad.
Fuego
Aries, Leo y Sagitario. El fuego se mueve primero y pregunta después. Funciona con entusiasmo y con una especie de fe en que las cosas salen bien con solo empezar. Es quien propone el plan del sábado y quien antes se cansa de él. Quien tiene mucho fuego en la carta suele recuperarse rápido de los golpes. El precio aparece cuando no pasa nada. Al fuego le cuesta esperar y le cuesta cualquier tarea que solo da frutos al cabo de un año.
Tierra
La tierra se fía de lo que puede tocar. Tauro, Virgo y Capricornio trabajan a través del cuerpo y de los sentidos, con resultados que se pueden contar y guardar. Tiene una paciencia que a los otros tres elementos les cuesta mucho, la de hacer bien la parte aburrida porque es justo ahí donde se construyen las cosas. Su problema es el reflejo del fuego. La tierra puede quedarse en un trabajo o en una costumbre mucho después de que dejara de servirle, solo porque es lo conocido y lo conocido se siente seguro.
Aire
Los signos de aire son Géminis, Libra y Acuario. Lo suyo es pensar. El aire pone nombre a las cosas y las conecta entre sí. Necesita algo de distancia de lo que vive para entenderlo, así que tiende a dar un paso atrás para comparar y buscar el patrón. Esa distancia es un regalo en una discusión o en una crisis. En una pareja puede acabar en explicar un sentimiento en lugar de sentirlo.
Agua
El agua siente primero. Para Cáncer, Escorpio y Piscis la temperatura emocional de una habitación llega antes que cualquier cosa que se diga en ella. El agua recuerda y se vincula y absorbe, a veces de más. Muchas veces intuye cosas que todavía no puede explicar, una corazonada sobre alguien que meses después resulta cierta. El riesgo es ahogarse. Una carta con mucha agua puede llevarse a casa el ánimo de los demás como si fuera propio.
Un elemento sobre un actor
Recuerda que un signo no hace nada hasta que se pone detrás de un planeta. El elemento es buena parte de lo que aporta. Mercurio, la manera en que se mueve tu mente, en un signo de aire tiende a pensar en conceptos y disfruta discutiendo una idea por el gusto de discutirla. El mismo Mercurio en un signo de agua piensa por impresiones. Lee el tono antes que el argumento y recuerda cómo le hizo sentir una conversación mucho después de olvidar lo que se dijo en ella. Ninguno de los dos piensa mejor. Piensan con materiales distintos y el elemento te dice cuáles.
En la rueda los elementos se repiten siempre en el mismo orden. Fuego, tierra, aire y agua, luego otra vez fuego, tres vueltas completas hasta llenar los doce. Por eso los tres signos de un mismo elemento quedan siempre a cuatro signos de distancia, repartidos por el círculo en forma de triángulo. Esa forma se verá clara cuando la rejilla entera se monte en la lección doce.
Cuenta los tuyos
Esto puedes hacerlo ahora mismo con tu rueda. Coge los diez planetas y apunta el elemento del signo en el que está cada uno. Después cuenta. El Sol y la Luna pesan más que el resto por lo que viste en la lección cuatro. Muchos astrólogos los cuentan dos veces. Casi todas las cartas se inclinan con claridad hacia uno o dos elementos. Ese elemento dominante suele ser tu forma natural de reaccionar, la que aparece sola cuando no estás pensando en cómo hacer las cosas.
El elemento con menos puntos merece la misma atención. Un elemento vacío no significa que te falte esa cualidad. Muchas veces es un terreno donde te sientes torpe y que esquivas sin darte cuenta. Otras veces se sobreactúa para tapar el hueco, como esa carta casi sin tierra que lleva a obsesionarse con el orden. Y con mucha frecuencia aparece en la gente que eliges. Quien tiene poca agua en la carta suele enamorarse de personas muy emocionales, como si dejara en sus manos la parte de sentir.
Los elementos son la mitad del orden de los doce. Cada elemento reúne tres signos que no son iguales entre sí, porque cada uno lleva ese elemento en un momento distinto del mismo proceso. Ese segundo patrón se llama modalidad y es la siguiente lección.