Piensa en un huerto a lo largo de un año. Alguien tiene que decidir qué se planta y meter las semillas en la tierra cuando todavía no se ve nada. Otra persona riega cada tarde durante meses, aunque no pase nada emocionante. Al final hace falta alguien que sepa cuándo recoger y cómo dejar la tierra lista para lo siguiente.
Empezar, mantener y adaptar son oficios distintos. Casi nadie tiene mano para los tres. Lo normal es que uno de ellos te salga solo y que con alguno de los otros te pelees bastante. La astrología los llama las tres modalidades.
La lección anterior te dio la primera mitad del orden de los doce signos. Aquí está la segunda. Cada elemento reúne tres signos que no se repiten entre sí, porque cada uno ocupa un momento distinto del mismo proceso. Uno abre el proceso y otro lo sostiene cuando ya está en marcha. El tercero lo acompaña en el cambio hacia lo que viene después. La idea es antigua. Ptolomeo ya agrupaba los signos de esta manera en el siglo segundo. Sus grupos coinciden con los que vas a conocer ahora, aunque él partía el primero en dos parejas.
De dónde salen
Las modalidades salen directamente del calendario. El Sol entra en Aries con el equinoccio de marzo y en Cáncer con el solsticio de junio. El equinoccio de septiembre lo lleva a Libra. Con el solsticio de diciembre entra en Capricornio. Esos cuatro signos abren las cuatro estaciones. El signo que viene justo después cae en mitad de la estación, cuando el tiempo ya se ha asentado. El tercero llega cuando la estación ya está pasando a la siguiente.
La tradición nació en el hemisferio norte, así que allí Aries coincide con la primavera. Al sur del ecuador el Sol llega a Aries en otoño. La mayoría de los astrólogos del sur sigue usando los mismos signos. El zodiaco se mide desde los equinoccios y los solsticios, que son los cuatro puntos de giro del año en cualquier lugar del mundo.
Cardinal
Aries, Cáncer, Libra y Capricornio son los signos cardinales. Lo cardinal arranca. Ve lo que hay que hacer y se pone en marcha, muchas veces antes de que exista un plan acordado. Un planeta en un signo cardinal tiende a actuar tomando la iniciativa. Suele ser quien abre la conversación o pone la primera piedra. Su punto débil es terminar. La energía cardinal puede dejar un rastro de buenos comienzos y pocos finales, porque en cuanto algo funciona deja de parecerle interesante.
Fijo
Los signos fijos se quedan. Tauro, Leo, Escorpio y Acuario mantienen una dirección una vez elegida y siguen alimentándola mes tras mes. Aquí vive la lealtad junto con el aguante y la paciencia para terminar un trabajo largo. Lo que les cuesta es el cambio. Un signo fijo puede defender una postura mucho después de que haya dejado de tener sentido, sobre todo porque soltar se vive como perder.
Mutable
Los mutables son Géminis, Virgo, Sagitario y Piscis, los que cierran cada estación. Lo mutable se adapta. Lee el ambiente y retoca el plan. Cuando la primera idea choca contra una pared suele encontrar otra salida. Ptolomeo llamaba a estos signos bicorpóreos, de doble cuerpo. El nombre les va bien, porque los mutables suelen sostener dos cosas a la vez y moverse entre ellas con facilidad. Lo que les falta a veces es suelo firme. Una carta con muchos signos mutables puede repartirse entre demasiadas opciones y costarle comprometerse con una sola.
La modalidad sobre un actor
Vuelve a la frase. El signo es el cómo. La modalidad es buena parte de ese cómo. Piensa en Marte, tu manera de ir a por lo que quieres. Marte en un signo cardinal tiende a atacar el asunto de frente y en el primer momento, sin esperar a tenerlo todo claro. En un signo mutable va por rodeos. Cambia de táctica según lo que encuentra y muchas veces consigue lo que quiere sin que nadie note que había una pelea. Los dos tienen la misma fuerza y solo cambia la forma de gastarla.
Dos palabras para cada signo
Ahora los dos patrones encajan. Cuatro elementos por tres modalidades dan doce. Cada signo es exactamente una combinación. Cáncer es agua cardinal y cuida tomando la iniciativa, es quien llama primero cuando alguien está mal. Escorpio es agua fija, una emoción que se guarda años sin moverse de sitio. Con Piscis el agua se vuelve mutable y se mezcla con todo lo que toca. Ningún par se repite. Por eso las dos palabras de un signo ya te dicen buena parte de lo que hace.
Pruébalo con tu carta. Busca tu Sol y tu Luna en la rueda y ponle a cada uno sus dos palabras, primero el elemento y después la modalidad. Tierra fija, aire mutable o lo que te salga. Esas dos palabras describen tus dos luces con mucha más precisión que la palabra suelta del horóscopo. Además las has sacado tú con dos patrones sencillos.
Los cuatro signos de cada modalidad quedan repartidos por la rueda a tres signos de distancia, así que forman una cruz. Los elementos dibujan triángulos en el círculo y las modalidades dibujan cruces. La siguiente lección pone las dos formas a la vez sobre la rueda y convierte los doce signos en una rejilla que se lee de un vistazo.
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Las veintisiete lecciones