Si alguien te pide que le cuentes tu vida, casi nunca empiezas por tu carácter. Hablas de dónde vives y de en qué trabajas. Luego de quién tienes cerca y de lo que haces cuando nadie te pide nada. La vida se cuenta por sitios. Con la carta pasa igual. Ya conoces a los actores y sabes cómo se mueve cada uno. Ahora toca ver en qué escenario actúan.
Vuelve a la frase de la tercera lección. El planeta es el qué, el signo es el cómo y la casa es el dónde. Hasta ahora la frase te salía siempre a medias. Con las casas tienes ya tres de sus cuatro casillas. Los aspectos llegan en el bloque cinco.
Qué es una casa
Las casas son doce sectores en los que se divide la rueda a partir del Ascendente, contados en sentido contrario a las agujas del reloj. Cada una corresponde a un terreno de la vida corriente. Los signos reparten el cielo y las casas reparten la vida, como viste en la segunda lección. Como se cuentan desde el Ascendente, las casas dependen de la hora y del lugar de nacimiento igual que los ángulos de la lección anterior.
El borde donde empieza cada casa se llama cúspide. Casi todas las ruedas marcan con un número pequeño junto a cada cúspide qué casa empieza ahí. En Placidus, el sistema que usa este curso, las casas tienen tamaños distintos, así que puede ocurrir que un mismo signo aparezca en dos cúspides seguidas y que algún otro no aparezca en ninguna. Es normal.
Por qué las seis primeras miran hacia dentro
Fíjate en dónde caen. La casa 1 empieza en el Ascendente y la cuenta va bajando por la mitad inferior hasta el Fondo del Cielo, donde empieza la casa 4. Luego sube hasta el Descendente, que abre la casa 7. Las seis primeras casas ocupan la mitad de la rueda que estaba bajo el horizonte cuando naciste, la parte del cielo que no se veía.
Esa mitad tiende a hablar de lo que se construye en privado. El cuerpo, lo que tienes y tu entorno más cercano están aquí. También el hogar, lo que disfrutas y el trabajo de cada día. La mitad de arriba, que verás en la próxima lección, gira hacia los demás y hacia el mundo.
Casas angulares, sucedentes y cadentes
Las casas también se reparten en tres clases. El reparto te va a sonar. Las que empiezan en un ángulo son la 1, la 4, la 7 y la 10. Se llaman angulares y son las más fuertes, así que lo que cae en ellas suele verse mucho.
Detrás de cada una viene una casa sucedente. Son la 2, la 5, la 8 y la 11. Tienden a consolidar lo que los ángulos han puesto en marcha. Cierran cada cuarto las cadentes, que son la 3, la 6, la 9 y la 12. Suelen tener que ver con ajustar lo que pasa y preparar lo que viene. El parecido con los signos cardinales, fijos y mutables salta a la vista.
Las seis, una por una
La casa 1 empieza en el Ascendente y todo lo que viste del Ascendente vale también para ella. Es el cuerpo, la vitalidad y la forma de presentarte. Un planeta en esta casa suele notarse a simple vista, en el aspecto o en la manera de entrar en una conversación.
La casa 2 habla de tus recursos. El dinero que ganas y la forma de gastarlo están aquí, junto con lo que posees y lo que te sostiene en lo material. La lectura moderna añade algo que encaja bien, el valor que te das. Muchas veces la manera de tratar el dinero y la de valorarte se parecen bastante.
La casa 3 es tu entorno cercano. La tradición ponía aquí a los hermanos si los tienes, a los vecinos y los desplazamientos cortos. La lectura moderna le suma la conversación de todos los días y lo que aprendiste en la infancia.
En la casa 4 están las raíces. Empieza en el Fondo del Cielo y habla del hogar, de la familia de la que vienes y del sitio físico donde vives. La tradición le daba además un sentido curioso, el final de las cosas, cómo terminan los asuntos. El Fondo del Cielo es el punto más bajo de toda la rueda.
La casa 5 es la del placer. La tradición ponía aquí a los hijos si llegan y todo lo bueno que te viene sin buscarlo. La lectura moderna le añade el romance, el juego y lo que creas por gusto. Los griegos la llamaban la Buena Fortuna, un nombre que encaja con todo lo que se disfruta sin tener que ganárselo.
La casa 6 tiene peor fama. Los griegos la llamaban la Mala Fortuna y la relacionaban con la enfermedad y el trabajo duro. La lectura moderna la ve más como el día a día. Aquí están las rutinas y el trabajo que haces por obligación, junto con el cuerpo como algo que se cuida y se mantiene. Lo que pasa aquí casi nunca brilla. Sostiene todo lo demás.
Leer un planeta en una casa
Ahora ya puedes decir la frase con su dónde. Imagina un Marte en Virgo en la casa 6. Marte es tu impulso, la manera de ir a por las cosas. Virgo es tierra mutable, las ganas de ajustar algo hasta que funcione bien. La casa 6 es el trabajo de cada día. Todo junto suele hablar de alguien que pone mucha energía en que el trabajo diario salga exactamente bien.
La misma posición puede vivirse de otra manera. En otra carta ese Marte se convierte en una irritación constante por cada pequeña cosa que sale mal en el trabajo. Las dos nacen de la misma posición.
Las casas vacías
Casi todas las cartas tienen casas sin ningún planeta. Que una casa esté vacía solo quiere decir que ningún planeta cayó en ella cuando naciste. Esa parte de tu vida existe igual y se lee por el signo que hay en su cúspide. Por ejemplo, una casa 4 que empieza en Capricornio tiende a convertir el hogar en un sitio de responsabilidad y estructura. Más adelante en el curso verás que también se lee por la posición del regente de ese signo.
Ahora tu carta
Coge tu rueda y recorre las casas 1 a 6. Apunta el signo de cada cúspide y los planetas que caen dentro. Para cada planeta escribe la frase con el qué, el cómo y el dónde. En las casas vacías escribe solo el signo de la cúspide y lo que te sugiere. Las otras seis casas quedan para la próxima lección, que sube por encima del horizonte hacia la vida con los demás.